martes, 3 de junio de 2014

Último mensaje

Lluvia contra el parabrisas, el asfalto de la carretera empapado por el agua, iluminado por las luces de la camioneta, árboles oscuros acechando a ambos lados bajo un cielo tormentoso, indomable y relampagueante: eso era lo que veía Freddy manejando en semejante noche. La pantalla de su celular: eso era lo que veía su amigo, sentado de acompañante.
La visibilidad era pésima, y Freddy no paraba de quejarse sobre eso. Su amigo asentía, aunque absorto en su aparato. El mal tiempo parecía evocar en Freddy un sentimiento pesimista. Comenzó a hablar de su ex-novia, con la que se había peleado unos meses atrás, y cuyo recuerdo (decía él) afloraba siempre en los días de tormenta. Admitía que la extrañaba mucho, quizá más de lo que se permitía pensar de manera consciente, pero también reconocía que necesitaba un tiempo para él. Luego dijo un par de cosas más, pero su amigo no oyó de qué se trataba. Notó que Freddy, poniéndose más emotivo aún, se dejaba llevar por viejos tiempos, y lo dejó navegar solo en su nostalgia mientras que con un silencio respetuoso se encargaba de sus asuntos frente a la pantalla.
A continuación Freddy recobró la compostura, y cambió a otro tema más intrascendente, que su amigo tampoco escuchó con mucha atención. A Freddy le gustaba hablar, y su amigo lo sabía, así que lo dejaba estar a sus anchas, mientras estaba ocupado con su celular.
Un trueno sorprendió a ambos, que se sobresaltaron en sus asientos, y luego se miraron uno al otro,  riendo nerviosamente, un gesto de sincera amistad entre ellos. Mirando otra vez hacia el camino, Freddy, ya interrumpido en su monólogo, captó el aire ausente de su amigo, vuelto hacia su teléfono de nuevo. Con tono divertido, le pidió que lo dejara, que participara más en la conversación, mientras el otro respondía que tenía que enviar un par de mensajes más y acababa.
Freddy, insistiendo, desvió la mirada del trayecto, mientras hacía ademán de quitárselo y su amigo insistía, protegiendo su celular para que no se lo quitara. Ninguno de los dos vio la señal que indicaba una curva en la carretera; el acompañante, por no despegar la vista de la pantalla, el conductor, por tratar de que su amigo dejara de hacerlo.
Cuando Freddy reaccionó y tomó el volante con las dos manos, la camioneta ya derrapaba fuera del camino, y siguió hasta estrellarse de frente contra un árbol. Freddy, que no acostumbraba a usar cinturón de seguridad, salió despedido a través del parabrisas y su cabeza impactó contra el tronco inamovible, cayendo luego al barro, muerto, o al menos inconsciente, ya que no dio indicios de moverse, ni de oír los desgarradores gemidos de su amigo, atrapado en el asiento, con la carrocería del vehículo presionándole el pecho y el abdomen.
El dolor era terrible, sentía muchos huesos rotos, y un fuerte dolor en el costado que posiblemente fueran costillas quebradas, costillas quebradas que quizá hubieran perforado sus pulmones. Aún así, no paraba de gritar el nombre de Freddy, compitiendo con el barullo de la lluvia, compitiendo con el sonido de los truenos, gritos ahogados en el ruido de la noche.
Con lentitud, intentó zafarse de esa jaula mortal, pero por mucho esfuerzo que hacía, estaba atorado. Trató de serenarse, y... ¡Oh, no quiero seguir con esto! Soy yo, yo soy el amigo de Freddy. Hace bastante que estoy atrapado aquí y no sé qué hacer. Mi pecho ya no soporta mis gritos, creo que mis pulmones están en verdad heridos, pero ya no importa. Freddy no respondió nunca, Freddy está muerto. ¡Oh, yo lo maté! ¡Fue por mi culpa!
Mi teléfono no tiene señal en esta zona, no creo que pueda llamar una ambulancia. Con esta lluvia copiosa, no creo que nadie repare en este pequeño averno al costado de la ruta. Pero todavía tengo suficiente batería como para escribir este mensaje. Para que ustedes que por fin nos encontraron, revisen mi celular y sepan lo que pasó. Irónico que este aparato del demonio ahora sirva de algo, aunque no me faltan las ganas de arrojarlo lejos.
Cómo lamento todo esto. No pueden ni imaginar lo que siento, perdí a mi amigo, perdí a Freddy, todo por una idiotez mía. ¡Ay! Si pudiera volver el tiempo atrás...
Estoy empezando a tener serias dificultades para respirar, toso y de mi boca sale sangre, cada vez más. El dolor abdominal es insoportable, por otro lado, ya no siento las piernas. A pesar de todo, estoy más calmado. Ya comprendí que nadie va a llegar a tiempo; si están leyendo éste, mi último mensaje, den por seguro que estoy muerto. No se entristezcan de más, después de ver morir a Freddy, si a mí no me ocurriera lo mismo sería muy injusto.

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Último mensaje por Khryz Kinzel se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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