jueves, 22 de enero de 2015

Problemas de sueño

Se revolvió entre sus sábanas, inquieto. Había algo en ellas que le molestaba. ¿Físicamente? ¿Mentalmente? Ambas, tal vez. El roce con su cuerpo, con sus piernas desnudas, lo hacía sacudirse, despojarse de ellas; luego la brisa que entraba por la ventana, ligera, calma, le producía un cosquilleo entre los vellos de sus extremidades que volvía a perturbarlo; así era como, extenuado, se cubría con las sábanas otra vez. De esta manera, el ciclo se repetía incansable, tornándolo a cada repetición un poco más harto.
Algún lugar en su espalda empezó a darle picazón. Algún lugar que por desgracia se hallaba en la peculiar frontera aquella donde las manos parecen no alcanzar del todo, donde nunca uno puede rascarse con plena satisfacción. Intentó en vano con ellas, para luego buscar infructuosamente un objeto por los alrededores que le sirviera como extensión a su mano y así alcanzar el lugar donde la comezón lo acuciaba; no había ninguno. Estaba muy exhausto como para levantarse de la cama en busca de un utensilio que cumpliera con tan ajeno propósito, por lo que comenzó a frotar su espalda contra el colchón, un movimiento bastante tosco, con lo que logró mitigar en realidad nada su infernal molestia.
Su cabello, entrometido, quiso participar a su manera, metiéndose en su oído, pegándose en su frente a causa del sudor, acariciando su cuello, y él no cesaba de apartárselo del rostro, para luego percatarse de que también le incomodaba tenerlo todo recogido hacia atrás. Quizá debiera cortárselo a la mañana siguiente. Quizá debiera arrancárselo con sus propias manos en ese mismo instante, cediendo a la locura que asomaba cada vez más próxima.
Pero otras cosas desviaban su atención, pues tantas cosas ya le molestaban que no podía concentrarse en una sola. Múltiples agentes insoportables iban completando una demencial orquesta cuyo único objetivo parecía ser tocar con gran habilidad esta impecable sinfonía de malestares e incomodidades sin fin: los bordes y pliegues de la ropa con la que estaba acostado, rozando su cuerpo con fastidio; su almohada, castigando su cuello en una posición, tocando su cara con turbadoras irregularidades en otra; algún que otro zumbido fugaz que acechaba su oído, provocando que agite sus brazos con demencia; un silbido, una aullido lejano, un crujido imperceptible pero incesante, un constante rumor apagado, ruidos bajo la luna que ponían a prueba sus nervios ya sobresaltados; sin olvidar, por supuesto, los recurrentes estigmas del comienzo: las sábanas, el cabello, la picazón.
Esta magnífica pieza culminó con un profundo clamor que resultó ser su propio grito desesperado, y se convirtió en una muda plegaria cuando de repente despertó.
Para ser sólo una cabeza lampiña mantenida artificialmente dentro de un tanque transparente lleno de líquido espeso, con cables conectados y cruzados por doquier, tenía sueños bastante extraños.

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Problemas de sueño by Khryz Kinzel is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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